Ilmo. Sr. D. Eusebio Molina Serrano
Fue presidente del Colegio de mayo de 1903 a mayo de 1905, o sea, dos años.
Nació en Calzada de Calatrava ( Ciudad Real ) el día 14 de junio de 1853 siendo hijo de un veterinario y agricultor de aquella ciudad manchega. Cambió pronto su supuesta vocación sacerdotal por la que ejercía su padre, ingresando en la Escuela de Veterinaria de Córdoba, donde de 1870 a 1874 cursó toda la carrera. Opositó al Cuerpo de Veterinaria Militar y obtuvo el número uno. Sus primeros destinos estuvieron en Córdoba y Granada, para desempeñar voluntariamente una plaza en una Unidad de la Guardia Civil en Puerto Rico. En 1887 fue destinado a Sevilla, en 1889 a Madrid y en 1903 a Valencia al ser ascendido a Mayor de Veterinaria Militar. Vuelve a Madrid en 1906 y se retira por edad, siendo ya coronel, en el año 1917. El día 22 de enero de 1924 falleció en Madrid.
Dentro de tan escueta trayectoria se encierra una fecunda vida profesional que trascendió del ámbito militar para prodigarse activamente en todas las actividades científicas y corporativas de la veterinaria civil. Fue propietario y director de la revista “Gaceta Médico-Veterinaria“, que con esta y otras denominaciones influyó poderosamente en la evolución profesional y en la elevación del prestigio de los veterinarios. Conocía el nivel que había alcanzado su profesión en otros países y cuales eran las causas que frenaban en el nuestro la urgente renovación de muchas prácticas tradicionales. Si en el campo de la veterinaria militar fue el precursor o el autor de muchas de sus consecuciones, en el campo de la veterinaria civil propició en sus campañas la creación del Cuerpo de Inspectores de Higiene Pecuaria y la aprobación de la Ley y Reglamento de Epizootías entre otras muchas iniciativas y posteriores logros. Como suele ocurrir, los homenajes en su memoria fueron algo tardíos no así en el caso de la veterinaria valenciana donde estaban especialmente justificados,
Desde sus apasionados escritos propugnaba la colegiación como remedio a muchos de los males de la clase, y en efecto y por fortuna fueron surgiendo o consolidándose tan ansiadas agrupaciones, que no tardarían en nombrar a Molina Serrano como su presidente de honor. La provincia de Valencia tendría especial suerte, pues este líder indiscutible del movimiento asociativo encontró el terreno abonado por el insigne Morcillo y Olalla cuando en 1903 fue destinado a la Unidad Veterinaria de la capital. No tardaría en ser nombrado presidente de este joven Colegio para el que gestionó con éxito el rango de Colegio Veterinario Oficial, siendo así el primero en conseguirlo. Antes de dejar Valencia en 1906, obligado por su ascenso militar, organizó en esta capital la I Asamblea Nacional de Veterinarios en julio de 1904 donde se airearon los más importantes temas y se sentaron oportunas bases para intentar resolver los más perentorios problemas de la clase veterinaria. La presidencia honoraria de esta Asamblea la ostentaría Morcillo, mientras que la efectiva la ejercería Molina.
Tenía Molina Serrano una admirable capacidad técnica, pero también gozaba de muy valiosas relaciones y amistades que utilizó en beneficio de la Veterinaria española. Fue también un fecundo publicista de temas técnicos.
